ENSAYO Nº1: LAS CINCO VÍAS PARA LA DEMOSTRACIÓN DE LA EXISTENCIA DE DIOS

Tomás partiendo de Aristóteles continúa yendo más allá, por ello dice Julian Morias: Santo Tomás tenía demasiada genialidad filosófica para plegarse simplemente al aristotelismo, y el sentido general de su sistema difiere hondamente de él.”


Esto podemos deducir y compartir tomando en cuenta que su labor intelectual estuvo guiada por la pretensión de una fundamentación de la teología cristiana a diferencia del estagirita. Podemos seguir argumentando en base a muchas ideas ofrecidas por diferentes autores pero eso sería otro tema, en esta oportunidad nos enfocaremos estrictamente a “Las Cinco Vías para la demostración de la existencia de Dios”. Creemos conveniente realizar un esquema común que contemplará cuatro puntos importantes acorde a las Cinco Vías, los cuales nos ayudarán a ir dándoles un sentido y seguimiento específico. En primer lugar tenemos el Punto de Partida; un dato de experiencia, un rasgo que se puede observar en las cosas y que es distinto para cada Vía (movimiento, causalidad, existencia dependiente de otro ser, perfección, conducta final). En segundo lugar el Principio Metafísico; en otro momento, Santo Tomás introduce un principio de índole filosófico o metafísico a partir del cual desarrolla la prueba (todo lo que se mueve se mueve por otro, nada de lo que experimentamos es causa de sí mismo). Como tercer punto la Imposibilidad de Series hasta el Infinito; este momento es particularmente claro en la primera y segunda Vía, en donde se señala expresamente la imposibilidad de prolongar hasta el infinito la serie de motores y la serie de causas eficientes, siendo necesario detenerse en un término y por último el Término; las Vías concluyen en la afirmación de la existencia de Dios y en cada caso atribuyéndole un rasgo característico (Dios como Primer Motor, como Primera Causa, como Ser Necesario, como Ser Perfectísimo, como Ser Ordenador). Los nombres dados a Dios en cada una de las Vías se fundamentan en la consideración de las cosas del mundo como efectos de su poder creador; pero esos efectos no son proporcionales a la “causa” (a Dios) dada la radical distancia que le separa de las criaturas; sin embargo, por cualquier efecto podemos deducir la existencia de la causa correspondiente, así por los efectos de Dios en la creación podemos demostrar su existencia, aún cuando no podamos tener un conocimiento exacto de cómo es Él en sí mismo.


Desarrollaremos las cinco vías, una por una, dando una perspectiva personal pero sin dejar de lado el argumento original, de otro modo se perdería el sentido para lo que se ha escrito


PRIMERA VÍA: “EL MOVIMIENTO”


En esta primera vía Santo Tomás nos desea demostrar con un argumento concreto la existencia de Dios, para ello utiliza ejemplos categóricos como es el de “mostrarnos” y “demostrarnos” que existe el movimiento en el mundo.


Vemos que los objetos se mueven y lo podemos constatar a simple vista con nuestros sentidos. Estos objetos — aclara — para ser movidos deben estar en potencia (de ser movidos), surge así la probabilidad de pensar que “algo”, “alguien” posibilitó este movimiento entonces hay algo que debe dar movimiento, alguien que esté en “acto”. Afirmando con esto que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto. Entonces todo lo que se mueve es movido por “otro”. Santo Tomás lo denomina como un motor que es movido por otro y así sucesivamente pero que esto no se puede dar infinitamente porque así no habría un primer motor siendo por tanto que no habría motor alguno pues los motores intermedios que mueven no lo hacen más que en virtud del movimiento que reciben del primero (siguen una secuencia), sería imposible lograr esto careciendo de un “primer motor” que no sea movido por nadie, éste vendría a ser el que todos entendemos que es Dios.


Ésta es la vía del movimiento, considerada como la primera y la más evidente, para llegar hasta el primer Motor.[1]


SEGUNDA VÍA: “CAUSALIDAD EFICIENTE”


Vemos que hay causas eficientes, así ha de haber una “primera causa” porque si esta no existiese no habría efecto, entonces la causa primera es Dios.


La segunda vía es llamada también prueba por la causación o por las causas eficientes del ser. El punto de partida de esta vía es el hecho de la causación: Existen cosas que dependen de causas eficientes actuales, tanto en su ser sustancial como en sus modos de ser accidentales.


Para poder aplicar el razonamiento expuesto es necesario probar que todo ente que depende de una causa no tiene en sí mismo su razón de ser. Esto es así por el principio metafísico de causalidad: Todo lo que no existe por sí mismo existe por otro (su causa). Es imposible que una cosa sea la causa eficiente de sí misma. Se puede demostrar que el ser causado es contingente.


El razonamiento seguido por Santo Tomás es la causa del ser causado, puede ser incausada o causada. Si es incausada, hemos hallado la causa primera (incausada) del ser causado en cuestión. Si es causada, entonces es causada por otro ser que puede ser a su vez incausado o causado. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas eficaces actualmente subordinadas, porque en una sucesión infinita todas las causas recibirían y transmitirían el ser, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas) podría explicarlo. Por consiguiente debe existir una causa primera incausada. Este ser, que es el Ser por sí, es llamado Dios.


“(…) En la serie de causas eficientes no podemos remontarnos hasta el infinito, porque entonces no habría una causa primera y, por consiguiente, tampoco una causa última ni causas intermedias, por lo tanto debe de haber una causa eficiente primera, que es Dios.”[2]


Las cosas de nuestro mundo son entes causados. Son contingentes porque son necesitados de una causa. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es la Causa primera, el fundamento incausado de todo lo relativo.


Dios obra en el presente sobre todas las sucesiones de causas para conservar el ser de los efectos. Se sirve de causas segundas y les da una actividad propia, pero sólo El es la causa principal de la existencia. La causa primera es trascendente y su actividad es de orden metafísico.


“(…) Constatamos que en el mundo hay tales causas y tales efectos; es, pues, necesario establecer una causa eficiente primera, que todos llaman Dios”[3]



TERCERA VÍA: “EL SER POSIBLE (CONTINGENTE) Y EL NECESARIO”


Según el autor nos dice que las cosas naturales pueden existir o dejar de existir, seres que producen y otros que se destruyen es por ello que es imposible que los seres hayan existido siempre ya que lo que lo que tienen la posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue, debido a que hubo un tiempo en que ninguno existían ,y empezó a existir en virtud de lo que ya existe y que no tiene su razón de ser (necesidad ) en si mismos y no en otro es decir fuera de si la causa de su necesidad el cual todos llaman Dios.


Además nos dice que la experiencia nos muestra que las cosas puede existir o no existir, hubo un tiempo en que nada existió es por ello que si existen cosas tiene que existir un ser necesario, pero este ser necesario no puede tener su existencia a partir de otro ser ya que sino podría ser propiamente dicho necesario es por ello que nos dice que debe ser absolutamente necesario, cauda de su existencia y no este en otro sino en el mismo y que sea causa de la existencia de los demás y esté de Dios.


Nos dice también Gilson que esta tercera vía encuentra una distinción entre lo posible y lo necesario dos premisas que se pueden ver como los fundamentos de la prueba. La primera es que lo posible es contingente, es decir que puede ser o no ser; por el cual se opone a lo necesario. La segunda es, que lo posible no tiene su existencia por si mismo, es decir por su esencia y existencia entre las cosas creadas, sino por una causa eficiente que se la comunica.


En tanto también podemos ver las concepciones de Maimonides que parte del hecho de que hay entes, y admite la posibilidad de tres casos: ningún ser nace ni perece.


La generación y corrupción nos muestran que hay entes que pueden ser o no ser; estos entes alguna vez no fueron, no han sido, entonces habría habido un tiempo en que no hubiera habido nada, entonces nada hubiera llegado a ser. Por lo tanto tiene que haber un “ente necesario” por si mismo que dándose el caso sería Dios. Con esta prueba Tomás de Aquino demuestra la existencia de Dios deducién­dola a partir de lo posible y de lo necesario.


CUARTA VÍA: “LOS GRADOS DE PERFECCIÓN DE LOS SERES”


Esta cuarta vía esta extraída del Libro II de la Metafísica Aristotélica, donde dice, que las cosas que poseen el grado supremo de verdad, poseen también el grado supremo del ser. Mostrando de esta manera que hay un grado supremo de verdad, el cual como concluye Santo Tomás es poseído por un ser máximo capaz de ser la causa y fundamento de todo lo existente, siendo este ser Dios.


La cuarta vía de Santo Tomás en la Suma Teológica, está basada en la observación empírica de los ordenamientos graduales; en que se ven sometidas las cosas y los seres, por los continuos juicios comparativos que se ejercen sobre ellos, tales como: “este es mejor que aquello” o “aquel es más bueno que este”, etc. Llevándonos a encontrar entre ellos entes más y menos buenos, más y menos verdaderos, nobles, etc. Dando como resultado diversos grados de perfección ante un ente máximo.


Estos calificativos o cualidades que se dan al ente, respecto a algo superior o máximo pasan a ser predicados de cosas distintas, y son más o menos en la medida en que se acerquen a lo que es lo máximo, sin llegar a compararse con ello.


Santo Tomás argumenta que estos grados de perfección implican necesariamente, la existencia de un ser óptimo, un máximamente verdadero, etc. Lo cual tendrá que ser a su vez el ser supremo base de medición; ante lo cual son medidos los seres atribuyéndoles diversos calificativos según su proximidad a ese ser máximo.


Este más o menos se dice de las cosas en cuanto tienen más o menos proximidad a lo máximo, es por ello que Santo Tomás pretende aclararnos aquello, con el ejemplo del fuego y el calor, teniendo por lo más cálido aquello que se asemeja más, a lo qué es máximamente cálido en este caso lo máximamente cálido seria el sol. De modo que existe también algo, que posee los grados de perfección en si mismo y es causa a la vez de ellos, es decir es máximamente verdadero, bueno, etc. Siendo por consiguiente el grado máximo el cual llama ente o ser supremo según Santo Tomás y lo que Aristóteles llamaba verdad máxima o máxima entidad.


Este ser supremo o máximo ya sea en el género que se halle (bondad, calor, etc.) es a la vez causa de todo en dicho género, así nos demuestra Santo Tomás con su ejemplo del fuego, que el que posee el máximo calor, es causa de todo lo caliente es decir causa de todas las cosas cálidas. Por ello debe de haber algo que para todos los géneros sea el origen y la causa universal del ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, siendo esta causa Dios.


Por lo tanto cuanto más ser posea un ente más será uno, verdadero y bueno; ya que lo perfecto no puede venir de lo menos perfecto, sino de aquel ser que posee el grado máximo de perfección, y cuanto más poseamos ese ser, más nos aproximaremos a la verdad y a la bondad de ese grado máximo, del cual nosotros hemos recibido nuestro ser, ya que aquel da sin recibir, participa sin ser partícipe porque es la fuente de todo lo que es.


QUINTA VÍA: “POR EL ORDEN DEL UNIVERSO Y LA FINALIDAD INTERNA DE LOS SERES NATURALES”

La quinta vía se toma del gobierno del mundo[4]. Santo Tomás expone ésta vía partiendo de lo sensible, de lo que podemos percibir y señala que existen cosas que carecen de conocimiento[5], y sin embargo operan como si la poseyeran porque sus operaciones se dirigen hacia un fin y esto se demuestra por el hecho de que actúan siempre o en la mayoría de las veces del mismo modo, para obtener un resultado. De todo ello se deduce que estos seres no actúan por azar sino de manera intencionada

Es imposible que cosas contrarias o dispares concuerden y se concilien en un mismo orden, ya sea siempre o muy a menudo, si no existe un ser que las gobierne y haga que todas juntas y cada una de ellas se dirija hacia un fin determinado. No obstante, constatamos que, en el mundo, cosas de naturalezas diversas se concilian en un mismo orden, no en un momento determinado y por azar, sino en todo momento o la mayor parte del tiempo. Debe, pues existir un ser por cuya providencia el mundo sea gobernado, y es el que llamamos Dios[6]. Admitir que las cosas sensibles se ordenan por azar, es admitir que queda lugar en el universo para un efecto sin causa, a saber, su orden mismo. Pues si la forma propia en cada cuerpo basta para explicar la operación particular de este cuerpo, no explica de ningún modo por qué los diferentes cuerpos y sus diferentes operaciones se ordenan en un conjunto armonioso.

Ahora bien, si actuar con vistas a un fin constituye un cierto modo de ser, se nos plantea cuál puede ser la causa de la regularidad, el orden, la finalidad que se constatan en algunos entes. Tal causa no puede identificarse con los entes mismos, ya que éstos carecen de conocimiento, y aquí se hace necesario el conocimiento de la finalidad. Por tanto, es preciso remontarse hasta un Ordenador, dotado de conocimiento y en condiciones de llevar a los entes a ser en aquella forma específica, según la cual ellos obran de hecho[7].

Santo Tomás sentencia esta afirmación afirmando que lo que carece de conocimiento no puede dirigirse hacia un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca; la figura del arquero que dispara la flecha sirve para ejemplificar que hay alguien que está dotado de inteligencia que dirige todas las cosas hacia un fin.

A manera de analogía, la misma conclusión se podría dar a partir de los actos humanos, que son dirigidos por nosotros y que tienden hacia un objetivo, hacia un fin por nuestra propia libertad.

En la prueba de finalidad como en todas las pruebas precedentes, tenemos, pues, un dato sensible que busca su razón suficiente y que no la encuentra sino en Dios.

En primer lugar, cada prueba se apoya en la constatación empírica de un hecho, porque una existencia no puede ser inducida más que a partir de otra existencia. La presencia de una base existencia sensible es, pues, un primer rasgo común a las cinco pruebas de la existencia de Dios[8].



[1] REALE, GIOVANI, ANTISERI, DARIO. Historia del Pensamiento Filosófico y Científico. Tomo I, pp.489

[2] ABBAGNANO, NICOLAS. Historia de la filosofía, vol. 1, pp.467

[3] GILSON, ETIENNE. El tomismo. Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, pp.109

[4] AQUINO, SANTO TOMÁS DE. Suma Teológica. T.1: Tratado de Dios uno en esencia. pp. 121.

[5] Algunos autores como Giovanni Reale le prefieren llamar a este conocimiento como conciencia.

[6] GILSON, ETIENNE. El tomismo. Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, pp.112

[7] REALE, GIOVANI, ANTISERI, DARIO. Historia del Pensamiento Filosófico y Científico. Tomo I, pp.489

[8] GILSON, ETIENNE. El tomismo. Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, pp.113

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